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Bombillas de bajo consumo o LED

Las bombillas de bajo consumo o LED se han impuesto como la mejor alternativa para la iluminación. Su popularidad se debe a la elevada eficiencia energética que las caracteriza, la cual redunda en considerables ahorros en las facturas de electricidad. Hasta hace unos años estos dispositivos eran muy costosos, pero con el avance la tecnología hoy en día es posible conseguir bombillas de bajo consumo o LED a precios muy accesibles. Además, se trata de una inversión que se amortiza rápidamente, no solo por el menor gasto de energía, sino por su larga vida útil.

Contenidos de la página

  1. Los distintos tipos de bombillas
  2. Características de las bombillas bajo consumo o LED
  3. Tabla comparativa de bombillas LED de bajo consumo
    • Montando bombillas de bajo consumo con fines decorativos

Los distintos tipos de bombillas

Antes de profundizar en las características de las bombillas LED conviene hacer un repaso de los diferentes tipos de bombillas. Esto nos permitirá tener una idea más clara del funcionamiento de las bombillas LED y sus ventajas.

Todos recordamos las bombillas incandescentes. Son esas que aún es posible ver en muchos hogares, que tienen un filamento de tugsteno en su interior. Su historia va de la mano con la iluminación moderna, pues con ligeras variaciones fueron las que se utilizaron desde finales del siglo XIX para iluminar las ciudades y sus edificaciones.

En la actualidad, las bombillas incandescentes están destinadas a desaparecer, pues desde hace varios años su fabricación y uso ha sido prohibido en muchos países. De hecho, en la Unión Europea se establecieron plazos para ir restringiendo paulatinamente su uso y desde 2012 no se fabrican ni comercializan. Los dispositivos que aún podemos encontrar funcionando son productos que todavía no han alcanzado el fin de su vida útil.

Las razones que impulsaron estas medidas están relacionadas con su baja eficiencia energética, pues el 85% de su consumo eléctrico se desperdicia en forma de calor y apenas el 15% se utiliza en la generación de luz.

En sustitución de este tipo de bombillas han surgido las de bajo consumo y las de tecnología LED. Aunque ambos sistemas reducen de manera considerable el gasto de energía, se trata de dos productos completamente diferentes. Las bombillas de bajo consumo, también llamadas lámparas fluorescentes compactas, funcionan de manera similar a los tubos fluorescentes que todos conocemos. A diferencia de ellos, consumen entre un 50% y un 80% menos energía, pues se trata de una luz fría.

Por otra parte, su vida útil es muy larga, ya que pueden durar hasta ocho veces más que una bombilla convencional. Esto compensa su precio, que suele ser bastante más caro. Pero su gran inconveniente es que requieren de un cuidadoso procedimiento de reciclaje, pues contienen un gas con una porción de mercurio, que va desde los 3 mg a los 6 mg, por lo cual son un residuo peligroso. Lamentablemente, este importante detalle no ha sido eficientemente comunicado a los consumidores, por lo que no siempre se desechan de la manera apropiada.

Característicasde las bombillas bajo consumo o LED

Finalmente, las bombillas de bajo consumo LED (light-emitting diode, es decir, diodo emisor de luz) están compuestas por un material semiconductor que posee dos terminales. Al aplicar tensión en los terminales, los electrones liberan energía, en forma de fotones que generan luz. Este tipo de bombillas no tiene ningún componente tóxico.

Además de su muy reducido consumo eléctrico, las bombillas LED tienen una larga vida útil y no se ven afectadas por la frecuencia de encendido-apagado. Es también una luz fría, que aprovecha casi al 100% la energía para la producción de luz. De hecho, el 98% del consumo se transforma en luz, y apenas el 2% restante se destina a la producción de calor.

Asimismo, alcanzan su máxima intensidad lumínica de inmediato, a diferencia de las bombillas de bajo consumo convencionales. Por otra parte, su tamaño es sensiblemente menor al de otros dispositivos, por lo que pueden adaptarse fácilmente a la decoración, tanto integrándose en el mobiliario como mediante luminarias de variadas formas y dimensiones. Igualmente, están disponibles en una amplísima gama de tonalidades, pues el proceso de fabricación de las bombillas LED de colores es muy preciso y simple.

Aunque su precio es el más elevado de todos los tipos de bombillas de los que hemos hablado, se trata de una inversión con muy alto rendimiento, pues se estima que pueden durar hasta 50 años sin fallar.

Tabla comparativa de bombillas LED de bajo consumo

Seguramente te habrás fijado que los vatios de las bombillas LED son sustancialmente menores a los de las bombillas incandescentes o las de bajo consumo. Sin embargo, su potencia lumínica es equivalente.

Esto se debe a que con las bombillas tradicionales utilizábamos el número de vatios para tener una referencia de la intensidad de la luz. En el caso de las bombillas LED, los vatios indican el estado de consumo en funcionamiento, no la capacidad de iluminación.

En realidad, la cantidad de luz emitida se mide en lúmenes (lm). Con una bombilla convencional o incandescente se necesita 75W para obtener unos 1100 lm. En cambio, puedes obtener esa misma cantidad de lúmenes con una bombilla LED de apenas 15W. Es lo que se conoce como eficacia lumínica y es el resultado de dividir los lúmenes entre la potencia consumida.

Para ayudarte con estas equivalencias hemos preparado una tabla que te orientará a elegir la bombilla que mejor se ajusta a tus necesidades de iluminación

Bombilla incandescente Bombilla de bajo consumo LED Otras bombillas de bajo consumo
25W 5 7
40W 8 9
60W 10 11
75W 13 15
100W 15 20

Montando bombillas de bajo consumo con fines decorativos

Al momento de sustituir una bombilla convencional por una bombilla de bajo consumo LED es importante tener en cuenta el casquillo. Este debe coincidir con el de la lámpara, para que puedas colocarlo sin necesidad de utilizar un adaptador, que complicaría la instalación y afearía el conjunto. Podrás ver que en las bombillas se identifica con una letra seguida de un número. La letra indica el tipo de rosca, mientras que el número corresponde a la medida del diámetro.

El más común en las luminarias domésticas es el E27, o su variante más delgada, el E14. Para los focos empotrables suelen utilizarse el GU10, para lo que requiere un transformador, y el GU5.3, para los modelos sin transformador.

Por otra parte, también podrás elegir la forma de la bombilla. A las tradicionales se han sumado nuevas variantes, como la de tipo vela, muy usada en lámparas de araña; la de globo, que es más redondeada y tiene más presencia, por lo que luce muy bien en lámparas de colgar o farolas; o la espiral o tubo, típica de las bombillas de bajo consumo no LED, que son un poco más largas.

Con respecto al tono de la luz, este depende de los grados Kelvin (K) de la bombilla. Mientras mayor sea el número, más fría será la iluminación. Esto es lo que se conoce como temperatura del color. Para un blanco cálido necesitamos en 2.800 y 3.300K. Este es el tono que generalmente se usa en las habitaciones y áreas sociales de la casa, por ser más acogedor. En los cuartos de baño y la cocina se puede usar blanco puro, que corresponde a una temperatura de 4.000-5.000K. Mientras que el blanco frío (5.000 – 6.500K) se utiliza para zonas que requieren una iluminación intensa, como el garaje o el trastero.

Por otra parte, si tienes reguladores de intensidad, debes cerciorarte de que la bombilla LED a instalar sea compatible, pues en caso contrario no podrás ajustar la luminosidad. Para ello, la solución más sencilla, que no requiere de ningún cambio en la instalación es eligir bombillas LED identificadas con el rótulo DIMMABLE.

Y si lo que deseas es añadir toques de color en tu decoración, puedes optar por bombillas LED monocolor o RGB. Estas últimas necesitan un controlador que permite seleccionar el funcionamiento o color que deseamos. Generalmente se trata de bombillas con rosca E27. Otra opción es utilizar tiras LED, disponibles igualmente en varios colores fijos o con sistema RGB. La ventaja de las tiras LED es que puedes cortarlas y empalmarlas, para ajustarlas al contorno del ambiente que desees iluminar.

La instalación de una bombilla LED no difiere de la colocación de un foco convencional. En el caso de la tiras si que tendrás que medir el espacio donde la colocarás y cortar el tramo necesario, teniendo el cuidado de hacerlo en los sitios marcados para ello, que están identificados por una línea pespunteada. Suelen ubicarse cada 3 LED o cada 5 centímetros, aproximadamente.

A continuación debes retirar el protector adhesivo que está en la parte posterior de la tira, para poder fijarla a la superficie. Es importante que previamente hayas limpiado esta zona, para evitar que algún resto de grasa o suciedad impida que se pegue correctamente.

Si se trata de una tira monocolor, solo tendrás que conectarla con la fuente de alimentación directamente. Si, por el contrario, usas tiras RGB debes conectarlas al controlador. Verás que cada cable del controlador tienen un color, que deberás unir a la letra de la pista que corresponde. Recuerda que R es rojo, G es verde, B es azul y el negro debe conectarse al positivo de la tira.

Finalmente, conecta el controlador a la fuente de alimentación.

Como hacer un circuito electrico

Seguramente en muchas ocasiones has deseado adquirir el conocimiento y comprensión básica y esencial para hacer un circuito eléctrico. Ahora podrás conseguirlo tan solo dedicando unos minutos a leer este texto,  pues a continuación intentaremos explicar de la manera más fácil y didáctica posible  cómo hacer un circuito eléctrico.

La intención es exponerlo en forma sencilla para que luego de adquirir algunas nociones sobre este asunto puedas, si así lo deseas,  ir adentrándote paulatinamente en el tema de la electricidad.

Sin embargo, antes de entrar de lleno en los pasos necesarios para hacer un circuito eléctrico casero, es muy importante tener claros algunos conceptos, en especial ¿qué es un circuito eléctrico? y las partes que lo componen, pues comenzando desde lo más básico se podrá avanzar hasta la comprensión completa y lograr el objetivo de aprender a hacerlo fácilmente.

Pasemos entonces a la definición

¿Qué es un circuito eléctrico?

Un circuito eléctrico puede definirse como la unión de diferentes elementos electrónicos que al estar conectados logran generar, transportar y utilizar energía eléctrica. Pero además esta unión no puede ser de cualquier manera, tiene  que cumplir una condición y esta es que   los circuitos eléctricos tienen que tener como mínimo una trayectoria cerrada dentro del mismo.

Ahora bien, ¿cuáles son esos componentes que conforman la red lineal que es en sí misma un circuito eléctrico? Pues en líneas generales pueden decirse que estos son la fuente o generador de energía, los semiconductores, los interruptores y los condensadores o inductores. Pero cada uno de estos elementos se explicarán detalladamente más adelante, pues ahora pasaremos a diferenciar los diferentes tipos de circuitos que existen.

Ya sabemos que entre los distintos tipos de circuitos que existen los que más comúnmente están al alcance de todos son los eléctricos. Sin embargo también existen circuitos electrónicos, diferenciándose de los primeros por su mayor complejidad, por estar dispuestos en redes y por estar integrados por componentes diferentes.

Otro aspecto que distingue a un circuito eléctrico es que son de disposición lineal, sin importar si estos son en serie, paralelos o mixtos.

Otros de los tipos de circuitos  existentes son los circuitos de corriente continua, denominados de este modo pues así es la fuente que genera la corriente y los circuitos resistivos que se componen de resistencias, fuentes de voltaje y corriente. Estos dos tipos de circuitos son menos complejos que los circuitos electrónicos al no contar con inductores ni capacitores.

Composición de un circuito eléctrico casero

Un circuito eléctrico hace posible la circulación de corriente para lograr trasformar la energía recibida desde la fuente, en energía eléctrica. ¿Cómo lo hace?, pues con la ayuda de los componentes generales que presenta un circuito eléctrico.

Comencemos entonces a conocer las parte principales de un circuito. Entre ellas debemos en primer lugar mencionar el dispositivo que permite que la carga pueda fluir en el interior del mismo, para lo cual debe estar dotada de dos terminales. A continuación podemos identificar el nodo del circuito, que es el punto donde se ubican los conductores, y que al menos deben también ser dos como en el caso de los terminales.

Otro de los componentes esenciales de un circuito es lo que se conoce como rama, la cual no es más que la parte que se encuentra entre dos nodos de un circuito. Los ramales, como también se les denomina tan solo son capaces de admitir la circulación de una corriente en particular.

Cuando se trata de un circuito cerrado, además de los elementos ya mencionados, debe decirse que también se puede identificar otro componente y este es lo que comúnmente se llama malla, es decir toda la red cerrada que compone el circuito.

Otro componente esencial de cualquier  circuito es la fuente ya que esta tiene la misión de transformar la energía recibida en energía eléctrica. Usualmente los circuitos están integrados por tres fuentes, siendo dos de ellas de tensión y la otra de intensidad. Este sería tan solo un ejemplo bastante común, pues lo importante es que dispongan de más de una.

Clasificación y leyes de los circuitos eléctricos

Antes de adentrarnos en la tarea de aprender cómo hacer un circuito eléctrico básico resulta conveniente conocer cómo se clasifican los circuitos y cuáles son las leyes que los rigen.

Los circuitos pueden clasificarse por el tipo de señal que reciben en cuyo caso podemos distinguir entre los circuitos de corriente alterna y los de corriente continua. El régimen de corriente también es otra de las formas de categorizarlos, pudiendo en este caso diferenciar entre los circuitos de régimen de corriente periódica, de corriente permanente o de corriente transitoria. La condición de sus componentes permite hacer una diferencia entre los circuitos eléctricos y los electrónicos, clasificando además estos últimos como analógicos, digitales o mixtos.  Por último y tal vez la que más comúnmente hayamos escuchado es la clasificación que se hace de ellos conforme a la forma como están configurados, distinguiéndose así los configurados en serie, en paralelo y los que presentan una configuración mixta.

Aunque no pretendemos explicar las leyes que regulan a los circuitos si resulta conveniente al menos citar las más importantes. Es así como una de ellas describe la manera como se comporta la corriente en un nodo, es la que se conoce como Ley de las corrientes de Kirchhoff o primera ley, en tanto que la segunda ley o ley de las tensiones de Kirchhoff  remite a la relación entre las caídas de tensión y la tensión total del circuito. Una última  ley que debemos mencionar por su importancia y que  tal vez resulte muy conocida para muchos, es la que establece cual es la relación entre la potencia que se aplica en los extremos de un circuito y la intensidad de la corriente que circula por el mismo. Esta es la que se conoce como la Ley de Ohm, en honor al físico que la postulo.

Existen además de las leyes antes señaladas, algunos teoremas que aplican en el campo de los circuitos siendo ellos: el Teorema de Norton, el Teorema de Thévenin y el Teorema de la Superposición.

¿Cómo hacer un circuito eléctrico básico?

Ahora si estamos listos, ha llegado el momento de hacer un circuito eléctrico casero paso a paso. Para ello tan solo necesitaremos algunos objetos sencillos y que seguro tendremos en  nuestro hogar. Veamos, debemos contar con una pila, la cual será la fuente de alimentación, unos cuantos cables eléctricos que son los que nos permitirán conectar el resto de los componentes de nuestro circuito, un interruptor  para permitirnos activar y desactivar a nuestro antojo la electricidad y por ultimo una bombilla quien se encargará de demostrar que realmente el circuito si funciona.

Por supuesto que este circuito que construiremos será el más básico de los que existen, pero sin duda nos permitirá pasar una tarde de aprendizaje científico  con nuestros hijos al demostrarles de manera sencilla el funcionamiento esencial de un circuito.

El esquema como seguro ya se habrán dado cuenta, es muy sencillo. La pila suministrará la energía que a través de los cables eléctricos llegará al bombillo y lo encenderá. Obviamente para que esto funcione  todos estos componentes deben estar conectados permitiendo por tanto la circulación del flujo de energía.

Aunque ya sabemos que en el interior de los cables eléctricos es por donde circula la electricidad, pues su material interior al ser metálico es un excelente conductor, tocarlos no reviste ninguna clase de peligro, pues el recubrimiento externo al ser de un material aislante brinda protección.

En el caso de nuestro circuito el voltaje es tan pequeño que aunque los cables no estuviesen recubiertos no correríamos ningún peligro pero la acotación anterior es válida para fines didácticos.

Lo prometido es deuda, procedamos entonces a hacer un circuito eléctrico en tan solo 3 simples pasos y dedicando para ello apenas unos cuantos minutos.

  1. Tome trozos de cable y proceda a pelar cada uno de los extremos
  2. Comience a unir los cables de tal modo que uno vaya desde la pila hasta la bombilla, otro desde la bombilla hasta el interruptory por último desde el interruptor hasta la pila
  3. Ya ha terminado, ahora tan solo pruébelo encendiendo y apagando el interruptor.

De aquí en adelante ya podrá probar a ampliar su circuito todo cuanto lo desee!!

Calefactores electricos

No hay motivo para prescindir del confort de una habitación bien caldeada cuando bajan las temperaturas. Los calefactores eléctricos son una excelente opción pues permiten mantener una ambientación cálida solo en los espacios que estemos ocupando, permitiendo un mejor control del consumo.

Por sus características, los calefactores eléctricos son ideales para estancias de dimensiones reducidas, como el baño o la cocina. También permiten reforzar la calefacción, como complementos de otros sistemas, en aquellas áreas que así lo necesiten. Otra de sus ventajas es que alcanzan la temperatura deseada muy rápidamente.

A continuación vamos a entrar en el detalle de estos calefactores, explicando sus diferentes tipos y brindando toda la información que puedas necesitar para elegir el equipo y sistema de calefacción eléctrica que más te conviene.

Contenidos de la página

  1. Conociendo el mundo de los calefactores
  2. Tipos de calefactores eléctricos
  3. Un calefactor para cada lugar – ¿Cual elegir?

Conociendo el mundo de los calefactores

Existen muchas razones que justifican la elección de un calefactor eléctrico como sistema de climatización, tanto en viviendas como en locales comerciales u oficinas. Una de sus ventajas es que no requieren instalación, pues para ponerlos en funcionamiento basta con conectarlos a la toma de corriente y ya podremos disfrutar de un ambiente confortable. Además de comodidad esto supone un gran ahorro, pues no habrá que asumir los costes de obras.

Por otra parte, su precio es muy accesible y la mayoría de los equipos son portátiles, por lo que sin problema podemos llevarlo de la sala a la habitación o a cualquier lugar de la casa que necesitemos calefactar.

Con estos equipos no tendrás que preocuparte por su mantenimiento o por el suministro de carburante. Esto se debe a que producen calor de forma limpia, por tanto tampoco liberan humos o emisiones tóxicas al ambiente. Son, además, muy seguros, pues con ellos no hay riesgo de filtraciones de combustible, liberación de gases o explosión.

Todas estas características hacen de los calefactores eléctricos una forma eficiente de climatizar cualquier espacio, aunque suelen utilizarse mayormente en áreas de pequeñas dimensiones o donde se requiera una fuente alterna de calor. Esto está directamente relacionado con la potencia del equipo en cuestión.

Determinar cuál es la potencia del calefactor eléctrico que necesitas pasa por considerar varios aspectos. No solo tendrás que tener en cuenta el tamaño de la estancia, sino también la calidad de su aislamiento, la orientación de la construcción, los materiales y la zona geográfica donde te encuentres.

En términos generales, se suele recomendar una potencia equivalente a 80-100w por metro cuadrado. Es decir, si necesitas calefactar un baño de unos 10 m2, necesitarás al menos 800w de potencia si la sala tiene buen aislamiento, o unos 1200w si este es deficiente.

A todas las ventajas enumeradas habría que añadir una última, pero no por ello menos importante. Los calefactores eléctricos emiten calor de manera inmediata, pues tan pronto lo conectas a la red comienza a funcionar, y tienen la capacidad de difundir el calor rápidamente gracias a su sistema de ventiladores internos.

Tipos de calefactores eléctricos

Hay diferentes tipos de calefactores eléctricos, que pueden clasificarse según la forma de transmisión de calor. Así, podemos encontrar calefactores eléctricos por convección (natural o asistida), que son los más comunes, pero también hay sistemas de calefacción por conducción y radiación.

Para explicarlo de manera sencilla, digamos que la convección consiste en la transferencia de calor por el calentamiento de aire, mientras que en la conducción el calentamiento se efectúa mediante el contacto físico, y en la radiación se produce a través de ondas electromagnéticas. Hoy nos enfocaremos en los calefactores eléctricos por convección.

Estos sistemas cuentan con una resistencia eléctrica que calienta el aire que entra en contacto con ella. Y, como es sabido, los líquidos y gases pierden densidad al calentarse y por ello se elevan. El espacio vacío que ha dejado el aire caliente es ocupado por el aire frío, generándose una corriente convectiva, producto de la circulación continua de aire. De esta manera, los calentadores eléctricos por convección transmiten calor al ambiente y no directamente a las personas u objetos. El proceso descrito corresponde a la convección natural o convencional.

En el caso de la convección asistida, el funcionamiento es prácticamente igual, solo que el sistema tiene un ventilador en su interior, que impulsa el aire, facilitando una distribución más rápida y uniforme del calor.

Hay calefactores eléctricos de convección que utilizan aceite en lugar de aire, pues el fluido también se eleva con el calor. Es importante acotar que no es necesario cambiarlo, pues no hay desperdicio de combustible, sino que recircula continuamente.

Asimismo, hay modelos de calefactores eléctricos cuya resistencia es de cuarzo, fibras de carbono o cerámica, materiales que potencian la generación de calor y reducen el consumo de energía.

Los calefactores eléctricos cerámicos tienen además la ventaja de que resecan menos el ambiente, pues necesitan menos oxígeno para emitir calor. Y son muy duraderos.

Con respecto a la forma de uso, seguro te alegrará saber que además de los calefactores eléctricos portátiles hay unidades fijas que puedes colocar en la pared, el suelo, los zócalos o dondequiera que los necesites, pues es muy amplia la gama de modelos y alternativas.

Incluso, hay calefactores eléctricos industriales, de gran potencia, que disponen de un control termostático que autoregula la generación de calor, en función de la temperatura del aire de retorno. Estos equipos son ideales naves industriales, oficinas, almacenes, salas de reuniones y cualquier otro espacio con exigentes demandas de calefacción.

Un calefactor para cada lugar – ¿Cuál elegir?

Cada tipo de calefactor tiene sus ventajas y desventajas, y difícilmente un solo equipo sea el ideal para todas las áreas de la casa. Por ejemplo, si hablamos de los baños debemos tomar en consideración ciertas características particulares de esta zona y de su uso. Así, sabemos que cualquier equipo eléctrico debe colocarse lejos de la bañera o ducha, para evitar salpicaduras y accidentes. La distancia aconsejada es de al menos un metro, por lo que puede resultar complicado utilizar un calentador eléctrico portátil en un baño pequeño. Además, tendríamos que tener siempre la precaución de encenderlo y apagarlo con las manos bien secas y usando un calzado apropiado. Es por ello que en los baños se suelen colocar calefactores fijos.

Asimismo, por las limitaciones de espacio que suelen tener estas áreas, los calefactores de baño de pared cuentan con la preferencia de los consumidores, Son seguros, pues al estar cerca del techo no correremos el riesgo de que se mojen  o se filtre agua en su interior que pueda averiarlos.

Con respecto a la potencia, lo ideal es elegir un calefactor eléctrico con regulador que permita ajustarla de acuerdo a las necesidades de cada momento. Algunos equipos permiten variar ente 600W y 1200W, potencia más que suficiente para calentar el área promedio de un baño, aun en los días más fríos. Recuerda que a mayor potencia, mayor será el consumo eléctrico, pero a cambio, el equipo también será más rápido en calentar el ambiente y alcanzará temperaturas más altas.

Justamente estas características son las que hacen resaltar a los calefactores eléctricos cerámicos. Estos dispositivos suelen contar con un sistema de seguridad anti incendios, que incluye un sistema de desconexión automática en caso de caídas.

Es importante que tanto en el baño como en la cocina elijas un equipo adecuado para operar en ambientes húmedos, por lo que al menos deberá contar con una certificación IP24.

Al momento de seleccionar un calefactor eléctrico no puedes pasar por alto las condiciones climáticas del lugar donde te encuentres. En sitios muy fríos conviene que elijas equipos de potencia elevada y que incorporen utilidades como la función anti-hielo. Igualmente tendrás que considerar la altura de los techos, el nivel de aislamiento y los materiales constructivos, pues ciertas terminaciones como el vidrio tienen la capacidad de incrementar la sensación de calor en el interior de las habitaciones, ya que permiten el paso de los rayos de sol y crean una suerte de efecto invernadero.

Si tienes dudas con respecto a la potencia del calefactor eléctrico que necesitas, puedes partir de unas nociones generales, según las cuales, para estancias de menos de veinte metros cuadrados, requerirás una potencia de aproximadamente 1500w. Para habitaciones de alrededor de treinta metros cuadrados necesitarás un calefactor de unos 3000w, y para espacios de cuarenta metros cuadrados o más, necesitarás al menos unos 4000w. Pero, como hemos advertido, estos datos son orientativos, pues deberás tener en cuenta los factores que hemos mencionado previamente.